¿Política de reconciliación en Rwanda?

No es nuestra intención elaborar una síntesis del genocidio de 1994. Se ha escrito mucho sobre ello y su antesala histórica, y aún hoy no existe un consenso unánime que indique una de las versiones como la más plausible. Sobre las teorías históricas volveremos más adelante.

La muerte de más de 800.000 personas es un hecho dramático se mire por donde se mire. Estas defunciones, además, fueron el fruto de un asesinato deliberado perpetrado por un sector de la población contra otro. ¿Cómo puede recomponerse un país ante un desastre de estas dimensiones? ¿Pueden sanarse las heridas? ¿Es realmente posible la reconciliación?

Nuestro propósito es dibujar el panorama abierto tras el conflicto y la llegada al poder del Frente Patriótico Rwandés, los detalles del genocidio son de sobra conocidos, así que ahondaremos en sus consecuencias y en las medidas adoptadas para superar la tragedia.

La justicia internacional

Tras el genocidio, la comunidad internacional creó el ICTR (International Criminal Tribunal for Rwanda), con base en Arusha, Tanzania. Empezó su labor en el año 1995. Sus resultados han sido realmente decepcionantes si tenemos en cuenta la magnitud del problema que debía procesar. A día de hoy, este tribunal no tiene ningún caso abierto y desde su creación hace casi veinte años se han completado tan sólo 75 casos (47 condenados, 16 apelaciones y 12 absoluciones).

Por otra parte, el ICTR pretendía juzgar todos los crímenes cometidos desde enero hasta diciembre del año 1994. Esto incluiría no sólo los actos genocidas sino también los crímenes cometidos por el RPA (Rwandan Patriotic Army, brazo armado del FPR) (volveremos más adelante sobre esta cuestión). Sin embargo, eso pronto despertó la animosidad del gobierno rwandés. El hecho de que el tribunal no haya podido proceder en este sentido hizo que algunos lo rebautizaran como el TPIH (Tribunal Penal International pour les Hutus).

 

La justicia nacional: gacaca

Las élites del país estuvieron entre las primeras víctimas del genocidio. En 1995, la mayoría de jueces y abogados de Rwanda habían abandonado el país o habían sido asesinados. Por lo tanto, la estructura jurídico-legal del país había quedado profundamente dañada y su capacidad de actuación hecha añicos. Pese a que posteriormente el sistema jurídico se fue reconstruyendo poco a poco, existen ciertas preocupaciones respecto a la independencia política del sistema judicial. Esto pudo llevar a la expansión de un sentimiento entre la población rwandesa de que el aparato judicial protegía los intereses de las autoridades políticas. De hecho, inicialmente hubo un cierto énfasis en el castigo y la retribución, tal y como muestran las ejecuciones públicas de abril de 1998 de 22 prisioneros condenados por las cortes rwandesas. ¿Acto de justicia o de venganza?

La justicia tras el genocidio en Rwanda no tiene nada que ver con lo sucedido en la Sudáfrica post-apartheid (Comisión para la Verdad y la Reconciliación), donde se concedía el perdón a cambio del reconocimiento del daño causado. En Rwanda, sin embargo, era necesario condenar a los culpables. Un modelo, por lo tanto, basado en el recuerdo y el castigo al considerar que la magnitud del delito no permite ser generoso, porque debe desterrarse la “cultura de la impunidad”.

Una ley de 1996 clasificó a los perpetradores en cuatro categorías diferentes:

  1. Instigadores y planificadores del genocidio, los “asesinos destacados” y los violadores.
  2. Los que causaron la muerte a alguien.
  3. Los que provocaron daños personales.
  4. Los que causaron daños en las propiedades.

Ante la ineficacia de su sistema judicial, el gobierno decidió recurrir a la justicia tradicional de los Gacaca. El término significa “justicia sobre la hierba” y era un método tradicional de justicia en el que toda la comunidad participaba. En su origen, los gacaca se habían ocupado de impartir justicia en zonas rurales en casos de pequeños delitos, ofensas y litigios por la posesión de la tierra, pero el gobierno vio en ellos una buena alternativa a la lentitud e ineficacia de los tribunales convencionales. El proceso de implantación de este sistema tradicional estuvo dirigido por el poder y perseguía cinco objetivos: I. Revelar la verdad, II. Acelerar los procesos del genocidio, III. Erradicar la cultura de la impunidad, IV. Reconciliar a los rwandeses y reforzar su unidad, V. Probar que la sociedad rwandesa era capaz de resolver sus propios problemas con métodos genuinamente nacionales.

Esta justicia tradicional era vista como cercana por la población y estaba ya muy arraigada. Se prefería esto a los métodos impuestos desde occidente. El proceso se inició en 2001-2002. El gobierno creó en total 12.103 gacacas.  169.442 jueces electos (inyangamugayo, “aquellos que son íntegros”) serían los encargados de impartir justicia, 1.200 de los cuales fueron substituidos durante la primera fase de prueba por haber participado en el genocidio. Esto suscitó la crítica internacional al recurrir a personas sin formación legal y al actuar contra los preceptos internacionales de la representación del acusado a través de un abogado.

Entre 2005 y 2006, los gacaca de célula debían recoger información de sus respectivas unidades administrativas basadas en acusaciones más que en confesiones (sólo un 5% de las personas juzgadas durante este período había confesado su delito). De hecho, las confesiones sólo eran aceptadas si incluían toda la información sobre el crimen, una disculpa y, lo más importante, la incriminación de algún otro participante en el crimen. Los jueces eran los encargados de dictaminar la categoría (que fueron reducidas a tres) del acusado.

Durante la primera fase se acusó a 818.564 personas, cuya división por categorías era la siguiente:

  1. 77.269
  2. 432.557
  3. 308.738

Los acusados de la primera categoría pasaban a los tribunales ordinarios y podían apelar, mientras que los de la segunda categoría (a su vez divida en otras seis subcategorías) pasaban a juzgarse en los gacaca de sector. Su condena podía reducirse mediante la confesión y los trabajos comunitarios. Los de la tercera categoría que habían cometido delitos contra la propiedad, eran juzgados por los mismos gacacas de célula y estaban obligados a pagar reparación.

Antes de regresar a su casa o iniciar el trabajo comunitario, el condenado debía permanecer tres meses en un campo de solidaridad denominado ingando, organizado por la Comisión Nacional de Unidad y Reconciliación. El ingando es también una práctica tradicional, adaptada por el poder a sus propios intereses. Al FPR le sirvió para impartir doctrina porque entre las actividades del campo destacaba la reinterpretación de la historia de Rwanda (a lo que volveremos más adelante).

En 2012 estos tribunales cesaron su actividad, el balance podría situarse en unos 2 millones de acusados y procesados, de los que un 65% serían a la postre sentenciados como culpables.

Los gacaca han sido objeto de crítica al no enjuiciar los crímenes del FPR, estableciendo así un baremo en el que se da más valor al sufrimiento de la víctima del exterminio que al de la venganza por el mismo. Por otra parte, hay quien aduce que los juicios han aumentado la fractura entre ambas comunidades. ¿Se trata de la justicia de los vencedores? Tal vez, lo que parece irrebatible es que mantiene bajo sospecha a la comunidad hutu.

La política de rwandidad, la manipulación de la historia

En los ingando se enseñaba la versión de la historia abrazada por el FPR desde su llegada al poder. Se rebatía el “mito de la diferencia étnica”, considerándola una construcción colonial para dividir a los rwandeses. Así, en la rwandidad (banyarwanda) no hay espacio para las identidades hutu y tutsi, superadas por una nueva identidad colectiva, de pertenencia a un proyecto nacional rwandés.

En la web del gobierno rwandés podemos leer lo siguiente:

 For centuries, Rwanda existed as a centralized monarchy under a succession of Tutsi kings from one clan, who ruled through cattle chiefs, land chiefs and military chiefs. The king was supreme but the rest of the population, Bahutu, Batutsi and Batwa, lived in symbiotic harmony.

 De hecho, las identidades étnicas eran una realidad antes de la llegada de los europeos, que privilegiaron a los tutsi en un primer momento para luego apoyar a los hutu antes de la descolonización. Por lo tanto, los europeos pudieron contribuir a exacerbar las diferencias, a estereotipar algunos rasgos, pero no crearon como tales las identidades étnicas hutu y tutsi.

Hay quien dice que la política de rwandidad del FPR enmascara en realidad una tutsificación del poder. Son tutsi-returnees (los que habían estado exiliados en Uganda durante las repúblicas hutu entre 1959-1994) quienes copan hoy día las altas esferas. En 2002, por ejemplo:

–           De los 12 comisionados de la Comisión Nacional de Unidad y Reconciliación, 9 eran tutsi, 4 de ellos returnees.

–          De los 22 jueces de la Corte Suprema, 14 eran tutsi y 15 eran returnees.

–          De los 28 jefes de la State-Owned Enterprises, 23 eran tutsi, y 24 eran miembros del FPR.

Las víctimas silenciadas de Rwanda

Pero, ¿qué sucede con los crímenes cometidos por los tutsi?

La política de reconciliación del gobierno rwandés sólo concierne al genocidio, sin embargo, tanto antes como después, y en el transcurso del mismo, ocurrieron crímenes en el sentido inverso que han sido silenciados. Las fuerzas del FPR (el RPA, Rwandan Patriot Army) realizaron ataques a Rwanda desde el exilio y durante el genocidio también asesinaron a hutus enarbolando la bandera de la liberación. Establecidos en el gobierno, en los años 1996-1997 se produjeron las masacres de refugiados hutus en el este de la RDC. En este sentido, aquí no sólo encontramos el riesgo del resentimiento de las víctimas de los crímenes del FPR, sino también la perpetuación de la cultura de la impunidad (que es un elemento habitualmente señalado por Kagame como uno de los que llevó al genocidio). Al no tratar estos asuntos, se da argumentos a los ideólogos pro-genocidio para galvanizar a unas masas que ven como la reconciliación no es más que grandes palabras.

La culpabilidad hutu

El gobierno del FPR siempre recuerda que el genocidio fue llevado a cabo por un sector de la población, hutu, contra otro, tutsi. Esto, y la instrumentalización de la historia, hace que se estigmatice a la sociedad hutu. El gobierno ha llegado a admitir que el genocidio se realizó contra los tutsi y contra hutu moderados. Sin embargo, también dicen que éstos últimos fueron completamente exterminados, lo que deriva en una acusación implícita de todos los demás hutu como vinculados al genocidio (pasiva o activamente).

 

La política de reconciliación del FPR: ¿ilusión utópica o mentira deliberada?

Como hemos visto, la política de reconciliación emprendida por el FPR parece crear un escenario de acusaciones que señala a un gran sector de la población (los tutsi son tan sólo un 15% del total) como culpables del genocidio. Por otra parte, los monumentos, memoriales y museos consagrados a la tragedia excluyen a una gran parte de la población. Por ejemplo, el día nacional de luto por las víctimas de genocidio que tiene lugar cada año y en el que se exhuman cuerpos enterrados y se les da un entierro formal. Esta ceremonia, liderada por el presidente, se retransmite por televisión y radio a nivel nacional.

Es revelador observar cómo ambos grupos de la población interpreta estos memoriales. Algunos hutu pueden considerar el día nacional de luto como un obstáculo para la unidad, prefiriendo tal vez olvidar el pasado para avanzar. Pero olvidar tampoco es una solución adecuada. Otros pueden ver estos días como “un asunto de los tutsi” en los que ellos poco tienen que ver. Las conmemoraciones son sólo para las víctimas tutsi. ¿Es que los hutu moderados han sido olvidados?

Interrogantes por resolver

A lo largo de este artículo hemos tratado de exponer brevemente algunos de los rasgos más llamativos de la Rwanda post-genocidio. Hemos visto los mecanismos legales para impartir justicia y hemos constatado una voluntad de reconciliación que puede esconder en realidad unos intereses muy distintos.

El genocidio rwandés fue un episodio trágico e inusual por sus características. Por mucho que nos empeñemos en encontrar las causas que lo originaron siempre nos resultará difícil comprender cómo una gran parte de la población tomó parte en las matanzas de sus vecinos. Pero todo esto no puede llevar a condenar a los hutu, en su conjunto, como personas diabólicas que hay que señalar y excluir. No todos participaron en la masacre y algunos, a su vez, fueron víctimas de otros crímenes que han quedado impunes. Los tutsi fueron las principales víctimas, pero tanto en los años anteriores como en los posteriores también tuvieron lugar crímenes contra los hutu.

En definitiva, el genocidio debería ser visto en su conjunto, no sólo deben analizarse los meses que perduró, sino que hay que observar los años que le precedieron y los que le siguieron. El FPR, con su política de acusación, parece estar fortaleciendo las identidades étnicas en el seno del país. El ideal de rwandidad se presenta así como una quimera.

Se abren muchos interrogantes sobre el proceso de reconciliación, pero aportar soluciones y alternativas parece también una tarea complicada. Entre tanta complejidad, ¿cuál es la manera correcta de actuar? ¿La reconciliación tiene que pasar por la acusación y reconocimiento de la culpa, o también por el perdón? ¿Es posible perdonar?

Antes de hablar de todo esto y de sacar conclusiones, lo más sensato parece ir a Rwanda y conocer a sus gentes. Hablar con ellos y saber lo que piensan. Entender su sociedad y las heridas abiertas. Ver si la reconciliación es posible y cómo puede llegarse a ella. En definitiva, antes de hablar debemos conocer, y para conocer no hay nada mejor que visitar el lugar. 

Bibliografía sobre Rwanda:

CASTEL, Antoni, “La justicia tradicional en la reconciliación de Rwanda y Burundi”, Revista CIDOB d’Afers Internacionals, 2009, núm. 87, p. 53-63

CHRÉTIEN, Jean-Pierre. L’Afrique des Grands Lacs: Deux mille ans d’histoire. París: Aubier, 2000

GAKUSI, A. E y MOUZER, F, De la Révolution Rwandaise à la Contre-révolution : Contraintes structurelles et gouvernance 1950-2003, París : L’Harmatan, 2003.

INIESTA, Ferran. “Convulsión en los grandes lagos”. Política Exterior, 1997, vol.IX, num.55

MINOW, Martha, Between Vengeance and Forgiveness: Facing History after Genocide and Mass Violence, Boston: Beacon Press, 1998

PRUNIER, Gerard. Rwanda: le Génocide. París: Éditions Dagorno, 1999.

SUAU, Jaume. Rwanda guerra i pau. Les claus per entendre el conflicte. Barcelona: Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2009

UVIN, Peter, “Reading the Rwandan Genocide”, International Studies Review, 2001, vol. 3, no. 3, pp. 75-99

ZORBAS, Eugenia, “Reconciliation in Post-Genocide Rwanda”, African Journal of Legal Studies, 2004, 1, p. 29-52

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11 comentarios

  1. Estados Unidos reconoce su implicación en el derrocamiento de Lumumba
    http://www.voltairenet.org/article181684.html

  2. Antes de la Guerra Civil de 1994 la población ruandesa era de unos 6,9 millones, de los cuales los tutsis eran un 8%. Después de la guerra, que los Tutsis ganaron bajo Kagame, la población de Ruanda creció a unos 8,5 millones en 2006. Los tutsis son ahora un 15% + de la población de Rwanda (basado en el censo de Ruanda y fuentes de la ONU).

    Si 800.000, “sobre todo tutsis”, murieron en 1994 en 90 días con sólo palos y machetes, wow!, esto es una mucho mejor proporción de matanza que la de EE UU alguna vez alcanzó con el napalm y sus lluvias de grandes bombas sobre Vietnam en los 13 años de ataque, incluyendo el Agente Naranja.

    Si 800,000, sobre todo Tutsis, fueron matados en un espacio tan corto de tiempo, entonces ¿cómo es que los Tutsis son ahora el 15 % de Ruanda?

    Comparar las poblaciones de Ruanda y Burundi en 1994 a lo que prevalece ahora. Ambas eran casi iguales en términos de población y porcentajes tutsis en ese tiempo. Ellos son más o menos los misma ahora.

    1) La guerra duró 90 días.

    2) Las armas utilizadas eran bastante rudimentarias – principalmente palos y machetes.

    3) Se supone también que los tutsis no sólo huían de los combates, sino que también se defendieron cuando fueron acorralados.

    4) Los tutsis ganaron la guerra con Kagame que viene de Uganda.

    5) Cuando los hutus fueron finalmente derrotados por los tutsis huyeron al Congo donde instalaron campamentos de refugiados.

    6) Las comparaciones: los Estados Unidos estuvieron bombardeando y disparando en Vietnam durante 13 años – desde tierra y desde el aire con armas de gran poder de fuego. El Cong también estaba matando gente en tierra. El número de víctimas vietnamitas fue 2-3 millones en 13 años. Así que eso es 20-25,000 al mes – tirando al alza.

    7) Teniendo en cuenta lo que los ruandeses tuvieron que ‘trabajar’, yo diría que el número de muertes fue de entre 15.000 y 25.000. Y eso al alza.

    Prueba: De lo contrario ¿cómo se explica el hecho de que los tutsis son ahora el 15% + de la actual población de Ruanda? Y ¿cómo se explica el hecho de que en 1994 Ruanda y Burundi tuvieran el mismo número de población aproximadamente, y son casi iguales ahora? Los porcentajes tutsis también son casi iguales. Es todo lo que hay en las cifras oficiales.

    Aún así, la cifra de 15.000 muertos sigue siendo, por desgracia, demasiado alta.

    Bueno, no hubo intervención en el genocidio masivo de los últimos días de la resistencia Tamil Tigers. Pero en general, la guerra duró 27 años, con 70.000 muertos.

    Entonces, ¿cómo puede una guerra de 90 días, peleada con machetes, matar principalmente entre 500.000 y 1 millón de personas? Sólo viles mentiras de los medios blancos, como de costumbre.

    Los tutsis han estado siempre entre las 9 – 10% de la población de Ruanda, desde el censo de 1950.

    Los hutus han mantenido un constante 90% desde entonces.

    Al comienzo de la guerra, había unos 600.000 tutsis en Ruanda. De alguna manera, supuestamente 1000.000 fueron asesinados. ¿De dónde provienen los otros 400.000.?

    Sin embargo, después de la supuesta masacre de 1000.000 de tutsis, la población tutsis por arte de magia se incrementó a 12% de la población ruandesa.

    Alguien da más?

  3. William Selzter, a demographer, puts the 1994 Tutsi population at 647,000. De Forge, pg 15.
    Rashomon Goes to Rwanda: Alternative Accounts of Political Violence and Their Implications for Analysis and Policy
    By Christian Davenport. University of Maryland
    http://www.gvpt.umd.edu/davenport/dcawcp/paper/mar3104.pdf

    Numbers (HRW Report – Leave None to Tell the Story: Genocide in Rwanda)
    http://www.hrw.org/reports/1999/rwanda/Geno1-3-04.htm
    Human Rights Watch.
    Demógrafo William Seltzer, que ha estudiado los datos, calcula el número (de tutsis) en 657.000.
    Los datos de 1991 muestran que los tutsi son un 8,4 por ciento de la población total (de Rwanda).

  4. No conocía estos cálculos. Normalmente tiendo a desconfiar de este tipo de cifras que se dan sobre población en lugares donde no toda la población está “demografiada”. La mayoría, por no decir todas, las fuentes que he consultado hablan de más de 800.000 víctimas y de que ya en el 1994 los tutsi conformaban el 15% de la población. No conocía esto que acabas de decir, claro.
    No sé, para sacar conclusiones tendría que analizar mucho mejor todo el asunto porque mis conocimientos no van mucho más allá de lo dicho en el post. Pero el tufillo conspiratorio que desprenden estos datos no me dan muy buena espina. Tampoco siempre es todo una invención del hombre blanco. Si una parte de la población, la mayoría, decide un día asesinar a otra, la minoría, aunque sea con armas rudimentarias, la matanza puede dejar miles de cadáveres en cuestión de días. En fin, para saber cuál es la versión acertada habría que inventar una máquina del tiempo y ver qué ocurrió exactamente en esos 90 días del 1994. Aunque, claro, si inventamos un ingenio de este tipo mejor sería tratar de evitar lo sucedido.

    PD: Gracias por comentar, Ernesto. Ya se te echaba de menos por aquí.

    1. Por desgracia estoy bastante liado.
      Sólo decir una cosa, si algo me da mala espina, y si hay algo en lo que no confío absolutamente nada, es en la falsimedia occidental, y a la historia me remito. O miente directamente, o manipula vergonzosamente, pero no dice una verdead, y todos sabemos los oscuros intereses que estaban detrás de esa maldita guerra de creación occidental. Por eso se le dio la publicidad que se le dio, para que la opinión pública occidental viera con buenos ojos una intervención colonialista más del Occidente civilizado.
      Cualquier cosa que promocione la falsimedia y los organismos internacionales es mala y dañina para la humanidad, no digamos para la gente del llamado tercer mundo. Esta gentuza no sabe abrir la boca sin decir una mentira.
      Y otra cosa, no dudes que el Poder, el estáblisment, conspira, y conspira continuamente para poder eternizarse en ese poder, es de pura lógica.
      En fin, ahí lo dejo, aunque sólo sea como otro punto de vista del conflicto, puede que a alguien le haga dudar e investigue más concienzudamente.

      P.D.,
      No dejes de escribir, no cierres el blog, o conocerás la furia desatada de Ernesto, jajajaja.
      Un saludo i una abraçada

      1. Jajaja tranquilo Ernesto que el blog seguirá adelante. De hecho, en verano sufrirá una pequeña transformación 🙂 No digo más. Una abraçada.

  5. Hutus y Tutsi son el mismo pueblo, la misma nación. ¿Cómo fueron creados por el colonialismo para dividir y enfrentar?
    http://africanhistory-histoireafricaine.com/blog/2013/09/20/comment-le-hutu-et-le-tusti-ont-ete-crees/

  6. Este artículo se deja llevar demasiado por las emociones…Veamos, en primer lugar, cuando dicen que “Les baNyarwanda étaient organisés dans un royaume de tradition matriarcale comme dans toute l’Afrique noire” está recurriendo a un argumento falaz. No en toda África las tradiciones eran matriarcales, también las había patriarcales. Por ejemplo, los mandingas del Imperio de Mali (XIII-XVI) eran patriarcales, mientras que los mandingas del Reino de Gabou (XVII-XIX) eran matriarcales.

    Por otro lado, esto de la ruandidad (banyarwanda) es más un ejercicio político contemporáneo que una realidad histórica. Creo que a estas alturas los historiadores reconocen varias cosas:
    – Los hutu llegaron al territorio de la actual Rwanda entre los siglos V y XI.
    – Los tutsi llegaron al territorio de la actual Rwanda a partir del siglo XV.

    De partida, como poco, no eran el mismo pueblo. En esa época los hutu eran agricultores, los twa (eternos olvidados al hablar de Rwanda) cazadores, y los tutsi eran pastores. Esta situación socio-económica provocó, como en todos lados, confrontaciones. Cosa que no evitó la adopción respectiva de elementos culturales comunes, como la lengua de tipo bantú. Pese a los matrimonios entre ellos, la memoria de un origen diferenciado no creo que se perdiera. Con el paso del tiempo, el modo de vida de los tutsi facilitó una cierta hegemonía político-económica. Constituyeron una especie de élite. Iniesta dice esto: “sería un exceso angelical negar la existencia en esos siglos de una conciencia étnica en el seno de las sociedades interlacustres, pensando que el único criterio de identidad fuese el reino, ya que la dura estamentación social reflejaba bastante fielmente la relación inicial entre vencedores y vencidos, pese a la indudable homogeneización que se fue dando en muchos ámbitos culturales”. Dicha homogeneización se ve en la lengua común, el kinyarwanda y la religión.

    En definitiva, yo soy de la opinión de que las etnias existen en África. Pero no entiendas esto en sentido negativo. Se dice etnia, pero también podríamos hablar de pueblo (en Europa hablan de nación). La antropología colonial le dio al concepto de etnia su carácter peyorativo. Y llegamos al meollo del asunto. Cuando llegaron los belgas, sin duda alguna, aplicaron la eficaz política del “divide y vencerás”. Eso está claro. Sin embargo, decir que los europeos se inventaron las etnias supondría sugerir que los africanos no son capaces de crear sus propias identidades, llámense etnia, nación o lo que sea. De hecho, en mi opinión, los belgas llegaron a un lugar en el que advirtieron que existía una cierta diferencia, por pequeña que esta fuera, entre la población. Y la explotaron. Es decir, los belgas llevaron estas diferencias al paroxismo, crearon estereotipos y agigantaron los recelos.

    Con esto quiero decir que sí, los europeos tienen gran parte de culpa (por no decir la mayor parte, no lo sé) en el genocidio rwandés, pero también tenemos que considerar el recorrido histórico de las poblaciones africanas. Los africanos no son imbéciles, perdón por la expresión. Los blancos no llegan a un lugar, señalan a una persona y le dicen: “tu eres un dragón” y se lo creen. No.

    Y no estoy justificando en ningún caso la acción de los europeos. De hecho, haciendo historia-ficción, creo que África y sus gentes estarían mucho mejor si aquellos portugueses del siglo XV no hubiesen pisado nunca las orillas senegambianas. Pero claro, hay que tener un poco de espíritu crítico, aunque duela. La política colonial europea jodió a unas poblaciones que se habían desangrado durante siglos por la trata negrera. Quiso dividir, favorecer a determinados sectores de la población para explotar mejor los territorios. Consiguió generar, o más bien agravar, animadversiones históricas. El caso rwandés es la punta del iceberg. Pero está tan mediatizado que es muy difícil hablar de él fuera de los dos argumentos clásicos: 1. Qué salvajes son estos africanos y sus guerras étnicas (concepto que aborrezco) 2. Qué malos fueron los europeos que les hicieron creer a los africanos en una realidad inexistente y estos, pobres ignorantes, se comieron la mentira con patatas.

    El tema es peliagudo, pero ya te digo, Ernesto, que todo está lleno de matices y ni un extremo ni el otro resulta positivo. Si queremos apuntar a los males de África de hoy mirando a su pasado está claro que los europeos tienen la mayor parte de culpa. Sin embargo, a veces olvidamos que sin la connivencia de unas élites miopes y avariciosas la trata de esclavos no podría haberse dado. A nadie le gusta hablar de esto, pero durante los siglos XVII-XIX en África existieron Estados que se dedicaban a capturar y vender a sus vecinos. Es algo que ocurrió y hay que decirlo. Por supuesto, es algo que ocurrió porque previamente hubo una demanda que lo provocó.

    Creo que me he enrollado demasiado. Espero haberme hecho entender. Puedes estar de acuerdo o no, pero yo creo que el artículo que has puesto es un “estereotipo a la africana”, que también los hay. No soy especialista en esto, pero por lo que he podido leer y conocer, me parece que en una tema tan candente como este siempre tendemos a tomar parte por una de las partes. Yo siempre, o casi siempre, estoy del lado de los africanos. Pero es que, seamos sinceros, el ser humano a veces puede ser retorcido, malo, cruel, mentiroso y asesino. Pero también puede ser amable, bueno, bondadoso, sincero y altruista. Yo la historia del buen salvaje hace tiempo que dejé de creérmela. Y, ¡cuidado!, no estoy diciendo que los hutu o los tutsi sean demonios o algo parecido. No, no. Lo que acabo de decir no iba por ellos, sino que hablaba en general. En África, como en todas partes, hay claroscuros. El mundo no es blanco o negro, la mayoría de las veces suele ser gris.

  7. ¡Por cierto! No entiendas mi discurso como una justificación de nada. Simplemente quería señalar el tema del peligro de utilizar argumentos basados en la emoción y que se niegan a ver más allá de sus propias convicciones. Lo que Europa le hizo, y le sigue haciendo, a África es deleznable. Pero a veces esto provoca que muchos análisis sobre África se llenen de estereotipos paternalistas y pseudo-filantrópicos.

    1. Lo del matriarcado y la ruandidad, estamos de acuerdo, pero me pareció superfluo, no le di importancia.
      Que las etnias existen es claro, yo no he entendido nada similar a que los europeos inventaran las etnias en el artículo, puede que yo esté equivocado.
      Y que había diferencias entre agricultores y pastores pues creo que también es evidente, se puede decir que es casi “obligatorio” que así sea, pero no en África, sino en cualquier parte del mundo, es un problema socioeconómico, no étnico, claro está, esto no creo que haga falta decirlo.
      Otro asunto “a veces olvidamos que sin la connivencia de unas élites miopes y avariciosas la trata de esclavos no podría haberse dado.” Es evidente, ya se encargaron los europeos de poner a “sus” élites títeres derrocando a toda élite que luchó contra la Trata, o de amenazarla con su derrocamiento si no “colaboraba”. Exactamente igual que ocurre hoy con cualquier líder que no agrada a Occidente, se le monta un golpecito de Estado y asunto arreglado, ya tenemos a nuestro líder y su élite afín a Occidente, ya son una “democracia”. O como cuando una potencia invade un país y obliga a su líder a colaborar con el invasor, pues lo mismo en aquella época. Y son esas élites africanas impuestas o amenazadas por los europeos las que “durante los siglos XVII-XIX en África existieron Estados que se dedicaban a capturar y vender a sus vecinos.”
      La historia del buen salvaje es otro ejemplo de racismo, esto ya lo sabemos, o deberíamos, el “salvaje” es como todo hijo de vecino, bueno, menos bueno, malo, muy malo, o peor, es condición humana.
      Comentas esto “muchos análisis sobre África se llenen de estereotipos paternalistas y pseudo-filantrópicos.”, estamos de acuerdo, el paternalismo es como lo del buen salvaje, racismo de buena cara, como si los negros fueran menores de edad.
      Filantropía? Pues como lo del refrán ese africano, “la mano que da está siempre por encima de la que recibe”, a buen entendedor.
      Eric, es un placer discutir contigo, no lo dudes, y si a finales de este verano paso por Barna ya te invitaré a unas birras, aunque no sean africanas.

  8. Encantado 🙂

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