El impacto de la trata de esclavos atlántica en África (4): efectos político-sociales

En esta cuarta entrada ponemos el foco en los efectos político-sociales que provocó la trata de esclavos en las estructuras africanas. Para ello recurriremos a ejemplos concretos del África Occidental.

EFECTOS POLÍTICO-SOCIALES

Los efectos de la trata en las estructuras políticas y sociales están muy relacionados con lo que ocurrió en la economía. En primer lugar, como hemos hecho en el apartado anterior, hablaremos del impacto inmediato para después volver sobre el África contemporánea.

Período predador

La trata de esclavos dominó no sólo la relación entre africanos y europeos, sino también las relaciones económicas, políticas y sociales en el interior de los estados africanos. Son muchos los autores que inciden en el nuevo panorama que surgió en aquellos siglos. La trata provocó un clima de violencia generalizada en el que la guerra entre estados fue habitual, e incluso dentro de cada estado se podía percibir una aristocracia militar encargada de la captura de esclavos y una población campesina víctima de las razzias. La trata hizo crónicas las guerras y la violencia, que se perpetró con medios más destructores que antaño (armas de fuego). En definitiva, se instauró un período de militarización en todos los ámbitos de la vida.  Los efectos de esta crispación social, justificada por necesidades ofensivas o defensivas, fueron numerosos en las estructuras sociales, incluyendo el pensamiento social.  

Los jóvenes pasaron de ser un sector dependiente y relativamente marginal a ganar una preeminencia social sin precedentes. Los sistemas gerontocráticos quedaron subordinados a los nuevos sistemas políticos, y en casos extremos llegaron a desaparecer de modo traumático (Segu, Abomey). La hegemonía juvenil precisó de un activismo guerrero constante para reafirmar su preponderancia y su carácter indispensable.

Durante estos cuatro siglos se incrementó la subordinación de la mujer, devaluada por su incapacidad militar y alejada más que en épocas precedentes de los centros de decisión política, con salvedades notables (Ashanti, baulé, merina). La mujer quedó al frente del trabajo agrario, recibiendo sólo ayuda esporádica de los varones, habitualmente dedicados a lo militar.

Esto produjo una disminución de la actividad agropecuaria. Los campos perdieron presencia masculina por razones bélicas, pero también actividad cultivadora en su sentido más amplio por la inestabilidad e inseguridad reinantes.

Numerosas zonas intermedias entre costa e interior continental se despoblaron en prevención de ataques. Se dio un gigantesco movimiento de poblaciones. Considerando que las poblaciones negras se fundamentaban generalmente en una economía agrícola, es decir, sobre la estabilidad y la permanencia, es fácil apreciar el desarraigo producido por la trata. Muchas sociedades productoras de esclavos hacían reinar tal inseguridad que incluso la agricultura cayó en las zonas que ellos dominaban.

Como hemos dicho, todo esto produjo estancamiento y regresión de las fuerzas productivas a escala africana. Boubacar Barry nos dice que la regresión económica puede constatarse en las numerosas hambres (debidas ya sea a las guerras, muchas de las cuales se desarrollaban en la etapa de producción agrícola, o a las inclemencias del clima, sobre todo en el norte de Senegambia) que jalonaron el período.

En definitiva, la trata conllevó un trauma moral e ideológico que contagió a numerosos africanos y que puede apreciarse en la aparición de los estados predadores.

Los nuevos estados predadores

La literatura sobre África ha tendido a buscar su propia división cronológica de las etapas históricas en el continente. Así, si los siglos XI-XVI habían sido los del clasicismo africano, caracterizados por la aparición de grandes imperios en las sabanas, los siglos que siguieron han sido etiquetados como el período predador o de caos.

La aparición y desarrollo de estos estados es algo bien estudiado. Sin embargo, su estudio sería incompleto si no atendemos a las estructuras políticas y sociales precedentes. Sin esta visión más amplia del contexto africano no podríamos alcanzar a comprender realmente los cambios que se produjeron a partir del siglo XVI.

Whatley y Gillizeau nos dicen que el aumento en los precios de demanda redujo los incentivos para construir estados e incrementó los incentivos de saquear para capturar esclavos. El efecto inmediato fue la proliferación de estados más pequeños y un mayor número de pueblos independientes. Pero, de hecho, la lógica de la evolución política residió en la construcción de poderes político-militares, de relaciones comerciales y sociales, de mentalidades y prácticas cotidianas basadas en la legitimidad de todas las formas de adquisición de esclavos para su venta posterior. Así, los nuevos estados africanos basaron su supervivencia en la captura y venta de esclavos, relegando, como ya hemos visto, el resto de actividades económicas.

Segu y el fin del clasicismo africano

Para comprender los cambios producidos y las diferencias entre el sistema clásico y el predador acudiremos a los trabajos de Ferran Iniesta.

El sistema antiguo o clásico fue la madurez del pensamiento colectivo tradicional, teocéntrico o cosmocéntrico, ligado íntimamente al entorno natural y jerarquizado socialmente hasta el punto de no permitir marginalidad alguna, aunque sí subordinación justificada por desigualdades de origen diverso, desde las derrotas militares hasta las inferioridades en saberes mágicos o tecno-instrumentales. El principio de unidad universal reconocido por las sociedades africanas siempre se acompañó del reconocimiento de la diversidad en que se manifiesta esa unidad esencial en la naturaleza y en la sociedad excedentaria o neolítica: nunca se cuestionó la evidencia de la desigualdad ni del poder social como su más directa expresión, simplemente los grupos dominados procuraron crear contrapesos y límites tolerables al poder estatal, que halló en ello su parte de conveniencia al posibilitarle mayor longevidad en el privilegio. Por esa razón, el discurso africano clásico es jerárquico, holista o totalizador, pero nunca igualitario. En palabras de Iniesta: «la sorpresa se encuentra en el discurso moderno sobre una igualdad que nunca termina de materializarse después de siglos de hermosas constituciones y de más discutibles hegemonías occidentales».

De este modo, los jefes africanos vieron una golosa oportunidad en la trata de esclavos. Militarizaron a sus pueblos, desorganizaron a las naciones circundantes o las pusieron en una angustiosa defensiva militar. La tierra se vio abandonada por los campesinos, las sabanas recuperaron espacios a la acción cultural y una violencia de intensidad desconocida señoreó la mayor parte de las regiones subsaharianas.

La crispación predadora favoreció la ruptura de las viejas solidaridades clánicas y estatales, redujo la preponderancia de linajes y familias sobre sus miembros individuales y preparó el terreno para que el individualismo moderno que la colonización aportaría más tarde hallase un terreno fértil.

La actividad social adquirió un carácter destructivo: no sólo decayeron las llamadas fuerzas productivas y se colapsó la demografía negra, sino que se empobrecieron las concepciones ideológicas y las técnicas instrumentales. Tal vez lo más grave fue la banalización de la vida humana, su pérdida manifiesta de sacralidad y el oscurecimiento de cosmogonías que llegaron a colocar en su eje divinidades destructivas. Durante centenares de años se primó la fuerza militar, se dejaron los campos y rebaños en manos de mujeres y niños, se multiplicaron las incertidumbres cotidianas y las mentes se poblaron de genios oscuros y malévolos.

El rey dios, entendido como algo necesario por su función de mediador entre la sociedad y el cosmos (las fuerzas naturales), quedó relegado en los tiempos de trata por la fuerza bruta, militar (fanga en idioma malinké). Por eso, la mayoría de soberanos de los estados predadores no fueron reyes dioses ni llegaron al poder de una forma vista tradicionalmente como legítima.

Guerreros bámbara

Guerreros bámbara

Iniesta estudió el caso de Segu, muy revelador al hallarse en tierras que antaño formaron parte del más famoso imperio clásico africano: Mali.

El estado predador de Segu llegó en sus expediciones predadoras hasta a 1000 kilómetros de su lugar de origen en la orilla derecha del Níger. Su territorio, sin embargo, era bastante reducido: no más de 200 kilómetros de amplitud oeste-este y un máximo de 500 de norte a sur, siempre siguiendo el curso del río Níger. Esto se debía, seguramente, a una estrategia que prefería poder saquear los territorios vecinos libremente (incluyendo la captura de personas) en lugar de recibir tributos de poblaciones sometidas, legalmente inexportables.

El tiempo de fanga se personalizó en la figura de Biton Kulibaly, fundador del estado de Segu. Biton era el jefe de una asociación militarizada de jóvenes. Ofreció su protección al senado de Segu, pero fue rechazada. Al día siguiente Biton decapitó a los ancianos y se hizo con el poder, adoptando el nombre de faama. Mientras tanto, en Kaarta, su hermano había llegado con voluntad distinta. Allí pactó con el gobierno local y alcanzó el poder de manera consensuada, adoptando el nombre legítimo de Maasa Kulibaly.

Biton basó su poder en la fuerza coercitiva y dio importancia en el seno de la sociedad a la asociación de jóvenes guerreros. La guerra marginó a los linajes no especializados en ella. Aprovechó la fuerza asociativa de los jóvenes para romper el modelo clásico y establecer una autocracia sin contrapesos. Se instauró la banmaya, el nuevo modo de vivir, el hombre libre de linajes, libre de trabajos productivos y libre de cualquier deber que no fuera sobrevivir. Su sistema político había descabezado, literalmente, la totalidad de lealtades y fidelidades antiguas, de linaje o territoriales.

Se desestructuró también el sistema agropecuario y en la zona se instauró la cultura del “sálvese quien pueda”.

El ton-djon (miembro de la asociación) era un guerrero cuya fama ha sido la de tramposo y sin palabra, un soldado ebrio que menospreciaba las labores del campo o los ríos y se mofaba de los mercaderes que le proveían del alimento necesario para su pobre subsistencia.

Cambios en la esclavitud

Existe un cierto debate entre aquellos que argumentan que la esclavitud estaba muy extendida en África, así como la rutina de la trata, y aquellos que piensan que era común sólo en algunas pocas sociedades, y se extendió sólo como producto de la trata atlántica.

La esclavitud existía en África antes de la llegada de los europeos. Sin embargo, era una institución muy diferente a la que se implantó más tarde en América. En África, el esclavo, doméstico o real (guerrero), tendía a reforzar las estructuras familiares o de linaje.  Es decir, un esclavo se insertaba en la familia, ayudaba en la producción de alimentos o en las actividades que el linaje llevaba a cabo. Cada generación era un poco más libre, hasta el punto de quedar totalmente libre en una media de cuatro generaciones.

Esta inserción en la sociedad se ve reflejada, por ejemplo, en el ascenso de Sakura, un esclavo de la corona, al trono del imperio de Mali en 1285.

En tiempos clásicos, los esclavos eran capturados en las guerras entre estados. Al principio, con la demanda europea, se continuó vendiendo como esclavos a estos cautivos o convictos, pero esto tenía un límite y la demanda requería una respuesta más amplia: se acudió al vecino.

Para el período de trata atlántica, Yoro K. Fall propuso tres tipos de esclavitud: la doméstica, la real (guerreros de la corona o funcionarios) y la de trata (objeto de exportación).

El caso de Senegambia

Barry argumentó que en el plano interno, la trata reforzó el grado de servidumbre en las relaciones entre libres y esclavos. El mismo autor señaló dos tipos de esclavitud en la zona senegambiana como producto de la trata de esclavos: los runde y el fenómeno ceddo.

Los runde eran pueblos de esclavos. Pertenecían al poder político del Fouta Djallon, un poder islámico que utilizaba estos runde para proveerse de alimento. Por lo tanto, Futa Djallon vendía principalmente hombres, para que las mujeres y los niños pudieran cultivar sus campos. Se daba la paradoja que estos runde, y otras acumulaciones de esclavos a lo largo de la costa, llevaban a cabo una doble función: satisfacer las necesidades alimentarias de la aristocracia y aprovisionar de grano a los barcos negreros. Las concentraciones de esclavos en las costas respondían a las exigencias de producción alimentaria durante la estación de lluvias y a la exportación de mano de obra en la estación seca. Sin embargo, las guerras, la violencia, la inestabilidad y las hambres hacían que no se pudiera cultivar suficiente como para proveer a las aristocracias y también a los barcos negreros. Por lo tanto, se entraba en una contradicción: a los europeos les beneficiaba el clima de violencia y las guerras continuadas, pero sin embargo esto perjudicaba el aprovisionamiento de víveres para la travesía en el Atlántico.

En el norte de Senegambia, la guerra para defenderse del vecino, para realizar razzias o el pillaje de las propias poblaciones devino la actividad principal de las aristocracias militares en el poder. Los esclavos de la corona devinieron el pivote central del poder al constituir el grueso del ejército. Estos guerrero ceddo, pasaron a ocupar una plaza de privilegio en la vida política en detrimento de los campesinos y los antiguos nobles. Pasaron a detentar el poder de facto. Se trataba de una élite militar de origen esclavo que capturaba personas, las reducía a la condición servil y luego las vendía en las costas atlánticas. Este es un fenómeno que se repite en otros lugares de África, por ejemplo en el caso de Segu. Tras la dinastía Kulibaly, un esclavo de la corona pasó a detentar el poder, inaugurando la dinastía esclava de los Diarra.

Guerreros ceddo

Guerreros ceddo

África contemporánea

Para analizar los efectos políticos en el África actual nos remitiremos a la tercera entrada de esta serie, donde se pone en relación lo político con lo económico. Para no redundar en los mismos temas, destacaremos tres aspectos relevantes y de actualidad: el origen de la desconfianza, el origen de la violencia y el nacimiento de la identidad africana.

Origen de la desconfianza

Nunn y Whantchekon son los autores que han desarrollado la teoría según la cual los bajos niveles de confianza en África pueden explicarse por el legado de la trata de esclavos. En particular, señalan que la confianza de los individuos en sus relativos, vecinos y gobierno local es menor cuando sus ancestros fueron severamente impactados durante la trata de esclavos. En definitiva, ven un efecto negativo de la trata de esclavos sobre la confianza hoy en día.

Pero, ¿cómo y por qué la trata de esclavos afecta a la confianza hoy en día?  Los autores brindaron dos explicaciones. La primera es que, durante 400 años de inseguridad generada por la trata de esclavos, las creencias generales o “reglas de oro” basadas en la desconfianza evolucionaron. Estas creencias fueron transmitidas de padres a hijos con el paso del tiempo, y se continúan manifestando hoy en día tras más de cien años del fin de la trata. En segundo lugar, la trata de esclavos resultó en un deterioro de las instituciones legales y en la ley en general. Los individuos, por lo tanto, exhiben bajos niveles de confianza porque el ambiente legal no impele a aquellos de alrededor suyo a ser de confianza. En conclusión, la trata alteró las normas internas de confianza.

Las raíces de la violencia

La violencia y los conflictos armados en el África actual son los fenómenos que más repercusión mediática tienen hoy día. Son estas noticias dramáticas y sangrientas las que suelen atraer a los medios occidentales. Algunos autores, como Iniesta, han visto en el período de la trata negrera el origen de la actual violencia en África. Se trataría de una violencia que rompería con las concepciones tradicionales y las lealtades antiguas, resultando en la formación de un mundo marcado por la militarización y la violencia, por la banalización de la vida humana. Iniesta nos dice que esta es la primera de las tres fases de la violencia y, tal vez, la más relevante de todas al inaugurar una época oscura y conformar un contexto en el que las dos siguientes fases encontraron un fácil acomodo: la violencia en época colonial y la violencia de los estados independientes.

La aparición de la identidad africana

David Eltis señaló que uno de los mayores efectos de los intercambios África-Europa fue el estímulo de un panafricanismo elemental, al menos entre las víctimas. Según esta explicación, el contacto con los europeos movió a los africanos que no formaban parte de las élites a pensar en ellos mismos como parte de un grupo africano más amplio. Al principio, ese grupo podría ser igbo, yoruba o wolof, pero pronto se pasó a una visión de negros frente a los blancos que llegaban surcando las olas del atlántico. Esto era algo habitual en el lado americano, pero no es tan conocido en la parte africana. Sin embargo, Eltis advierte de que numerosos ejemplos demuestran este nuevo hecho: el color de la piel pasó a definir la identidad. Algo que se reforzó con la conquista colonial y los años de colonialismo.

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Bibliografía

Barry, B. (1988). La Sénégambie du Xve au XIX siècle: traite négrière, Islam et conquête coloniale. Paris: L’Harmattan.

Bazin, J. (1975). Guerre et servitud à Ségou. In L’esclavage en Afrique précolonial. Paris.

Eltis, D. (2007). A brief Overview of the Trans-Atlantic Slave Trade. slavevoyages.org. Retrieved from http://www.slavevoyages.org/tast/assessment/essays-intro-01.faces

Fall, Y. K. (1986). Esclavisme: conciència europea y dimensió histórica en les societats africanes. Barcelona: Universitat de Barcelona, cursos CAP.

Iniesta, F. (1983). Origen i formació dels estats del Sudan Occidental (s. VII-XVI). L’Avenç, 61, 486–499.

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Ki-Zerbo, J. (2011). Historia del África Negra: de los orígenes a las independencias. Barcelona: Bellaterra.

Manning, P. (1990). Slavery and African life: Occidental, Oriental and African Slave Trades. University of Wisconsin Press.

Meillassoux, C. (Ed.). (1975). L’esclavage en Afrique précolonial. Paris.

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Nunn, N., & Wantchekon, L. (2011). The Slave Trade and the Origins of Mistrust in Africa. American Economic Review, 101, 3221–3252.

Thornton, J. (1998). Africa and Africans in the Making of the Atlantic World 1400-1800. Cambridge: Cambridge University Press.

Whatley, W., & Gillezeau, R. (2011). The Fundamental Impact of the Slave Trade on African Economies. In Economic Evolution and Revolution in Historical Time (Vol. 48104). Stanford University Press.

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Un comentario

  1. El fenómeno de la esclavitud se remonta a determinadas civilizaciones antiguas como los romanos, griegos y los pueblos africanos.
    Algunos importantes historiadores judíos demuestran cómo el tráfico de esclavos a América fue un asunto gobernado por judíos, que los poseedores de esclavos en Estados Unidos eran mayoritariamente judíos y que, más allá de este momento histórico, los propios judíos han capitalizado el negocio de la esclavitud durante milenios, comenzando por lo que dice la propia Biblia. La película “Amistad” (del judío Steven Spielberg) se hizo para silenciar este dato y seguir culpando de la esclavitud a los cristianos y a los blancos, cuyo papel en este fenómeno ha sido magnificado con fines antiblancos.
    Orígenes
    Históricamente se ha demostrado que su existencia deriva de la práctica de aprovechar la mano de obra de los cautivos en las guerras, a diferencia de la práctica más remota de sacrificarlos. La esclavitud es una actividad económica mientras que el esclavismo es la ideología que la sustenta.
    En África, como en otros continentes, la esclavitud no era desconocida antes de la llegada de los europeos. Los más claros ejemplos de esclavitud reciente los hallamos en la colonización de América o en épocas más antiguas las prácticas del antiguo Imperio romano consecuentes de la institución denominada apremio individual, además de los planteamientos políticos de la Grecia antigua donde el mismo Aristóteles sostiene que la esclavitud es un fenómeno natural.
    Mintz y Elkins consideran que existe una relación recíproca entre capitalismo y esclavitud, evidenciando que conforme varía dinamismo del capitalismo, el carácter represivo de la actividad laboral también varía. Otros investigadores como Lester Thurow sostienen que mientras la democracia es incompatible con la esclavitud, el capitalismo no lo es, por lo que la esclavitud suele reaparecer en la misma proporción que avanza las formas autoritarias de gobierno.
    Los judíos y la esclavitud
    El período de esclavitud más importante de la historia comienza en el siglo XVI y floreció hasta mediados de siglo XX. El aspecto más escandaloso y sanguinario de este período fue el comercio transatlántico de esclavos a menudo llamado el “Paso Medio”. Los estudios académicos sobre la pérdida de vidas durante el transporte de esclavos a América indican que entre 7 y 10 millones de africanos sufrieron una crueldad inenarrable y perecieron en el “Paso Medio”.
    El sufrimiento humano y la muerte derivados del tráfico de esclavos africanos es la piedra angular del sentimiento de culpa de los blancos, tanto en América como alrededor del mundo y ha sido incansablemente fomentado tanto por las instituciones académicas como por los medios de comunicación. La película “Amistad” de Steven Spielberg es el arquetipo cinematográfico de películas sobre el comercio de esclavos y otro film que trata este tema es “Amazin Grace”. En ambas películas se muestra un cuidadoso retrato del comercio de esclavos como un negocio del cristianismo europeo y americano, describe un pésimo retrato de los líderes americanos, la reina de España y notoriamente de los comerciantes de esclavos cristianos.
    Sin embargo en 1992, antes de “Amistad”, la “Nación del Islam” causó una tremenda controversia cuando publicó el libro “La Secreta relación entre Negros y Judíos”. Citando a prominentes historiadores judíos que afirmaban que el comercio de esclavos africanos y la esclavitud en Occidente durante los 2000 años estaba dominado en realidad por la comunidad judía.
    A pesar de que Spielberg retrató en “Amistad” el comercio de esclavos como un asunto exclusivamente cristiano sin la mención de un solo judío, aquí están algunas palabras de la historia más importante de los judíos de la América temprana llamada “New World Jewry (Nuevo Mundo Judío) en 1493 a 1825, escritas por Liebman de la Sociedad de Historia Judeoamericana. Escribió sobre aquellos que poseían y tripulaban barcos, los autores de esta crueldad en masa y asesinatos. Por otro lado, el investigador del comercio de esclavos llamado Walter White, escribió un breve folleto titulado “¿Quién trajo los esclavos a América?” y relata hechos similares.
    Muchas historias avaladas por la Sociedad Histórica Judía eran relatos escritos por judíos para los judíos. El prominente historiador judío Marc Raphael en su libro “Judíos y judaísmo en los Estados Unidos: una historia documental” escribió: “Los mercaderes judíos jugaron un papel enorme en el comercio de esclavos. En realidad, en todas las colonias americanas tanto francesas, británicas u holandesas, los mercaderes judíos frecuentemente eran quiénes dominaban.”
    Esto no es menos importante que en América, donde durante el Siglo XVIII los judíos participaron en el “comercio triangular” que trajo esclavos de África a las Indias Occidentales y una vez allí, eran cambiados por melaza, que a su vez era llevada a nueva Inglaterra y convertido en ron para vender en África. Isaac da Costan de Charlestone en 1750 , David Franks de Filadelfia en 1960 y Aarón López de Newport a principios de 1770 fueron los que dominaron el comercio judío de esclavos en el continente americano. Los historiadores registran viejos documentos judíos mostrando cómo el comercio de esclavos les pertenecía casi en su totalidad y que las subastas de esclavos a través de toda América tenían que cerrar durante las fiestas judías.
    Brasil recibió muchos más esclavos africanos que Norteamérica. Wizniter, uno de los directores de la Sociedad Histórica Judía, en su libro “Judíos en la Brasil colonial” en las páginas 72 y 73 escribió:“los compradores que aparecían en las subastas eran casi siempre judíos y por falta de competidores podían comprar esclavos a bajos precios”.
    Asimismo, en la Historia judía del Nuevo Mundo se menciona que muchos siglos antes del comercio de esclavos transatlántico, los judíos dominaron el tráfico de esclavos en el mundo occidental durante al menos 2000 años, incluso tan atrás como en la época romana. En la enciclopedia judía de Funk y Wagnall en el décimo volumen dice: “El tráfico de esclavos constituía el mayor medio de vida para los judíos de Roma”.
    La realidad es que casi el 40% de todos los judíos propietarios de viviendas en los Estados Unidos poseían uno o más esclavos mientras que menos del 5% de la población blanca tenía esclavos y menos el 2% de los blancos tenían esclavos en toda América antes de la Guerra civil.
    Luego de todo este análisis con fundamento histórico la pregunta es: ¿Por qué hay una culpa colectiva atribuida a los blancos y sin embargo ninguna culpa colectiva para los judíos?
    La Liga Antidifamación (ADL) luego de advertir que salía a la luz el papel predominante de los judíos en el comercio de esclavos en América, intentó evitar que esta verdad histórica llegara fácilmente a la población. Líderes judíos como Sol Rosen, Harry Bass y Peter Minchuck elevaron un requerimiento en el tribunal de súplica en Filadelfia, Estados Unidos, pidiendo al juez cancelar el programa “Black Perspectives” (Perspectivas Negras) donde se hablaba sobre este asunto. El juez Stanley Greenberg ordenó que el programa no se hiciera público a menos que él lo aprobara.
    Cuando toda esta información delata a los culpables de tal horrorosos actos dicen que estos comentarios son antisemitas y se ponen como víctimas, mientras los blancos están inmersos en una culpa colectiva por la esclavitud negra, los medios controlados por judíos no reparten ni una sola gota de culpabilidad colectiva judía por el vergonzoso comercio de esclavos a través del Atlántico que constituyó un Holocausto verdadero que superó las más abultadas estimaciones de muertes judías en la Segunda Guerra Mundial.
    Aunque muchos blancos al igual que negros africanos, se dedicaron al comercio de esclavos, es una marca en la historia de ambos pueblos. Pero igualmente es cierto que lo fue en una porción mínima y además los europeos mismos terminaron no sólo la esclavitud y el comercio de esclavos de negros por blancos y judíos; sino también la mayoría de la esclavitud existente entre negros africanos. Losbritánicos y americanos gentiles que, con coraje y sin egoísmo, lucharon por terminar el comercio de esclavos, tuvieron que ir contra el poder financiero y la influencia política judía que luchó con uñas y dientes para preservar su vil empresa de sufrimiento de la carne humana.
    Esclavitud y religión, según los textos sagrados
    Las grandes religiones monoteístas del mundo y su relación con la esclavitud podrían resumirse de la siguiente forma.
    Judaísmo
    La religión judía aprueba el esclavismo de manera explícita, pero deplora que un judío tenga como esclavo a otro judío. Esto se debe a que esa religión ve al judío como el elegido para reinar sobre las naciones del mundo. De ahí que se considere como un acto execrable su utilización como mano de obra esclava.
    Entonces saldrá de tu casa con sus hijos y volverá a su familia recobrando la propiedad de sus padres. Porque todos son mis siervos, que yo saqué de la tierra de Egipto, y no deben ser vendidos como se vende un esclavo. Así que no te pondrás duro con tu hermano, sino que temerás a tu Dios. Quieres adquirir esclavos y esclavas, los tomarás de las naciones vecinas: de allí comprarás esclavos y esclavas. También podrán comprarlos entre los extranjeros que viven con ustedes y de sus familias que están entre ustedes, es decir, de los que hayan nacido entre ustedes. Esos pueden ser propiedad de ustedes, y los dejarán en herencia a sus hijos después de ustedes como propiedad para siempre. Pero tratándose de tus hermanos israelitas, no actuarás en forma tiránica, sino que los tratarás como a tus hermanos.
    Antiguo testamento. Levítico 25:41-46.

    Cristianismo
    Para los cristianos, tanto los esclavos como los judíos y no judíos, son todos hijos de un mismo Dios. No existe una raza o pueblo elegido para dominar al resto y por lo tanto incluso los esclavos deben ser tratados con justicia[1].
    Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer: todos sois uno en Jesucristo.
    Nuevo Testamento. Galatas 3:27-28; Colosenses 3:11
    Sin embargo como Jesucristo no hace una condena explícita de la esclavitud, algunos de los primeros seguidores de esta religión tuvieron esclavos y esta práctica continuó, al entender que no existe una prohibición de Jesucristo que deroga las enseñanzas del Antiguo Testamento en este sentido.
    Islamismo
    Si bien en el Corán no tenemos ninguna referencia explícita a una aceptación de la esclavitud, sí es cierto que han descendido versículos que regulan la condición de los esclavos. Por ejemplo, asuntos concernientes al matrimonio, el carácter de mahram (íntimos) de los esclavos y los acuerdos referentes a su liberación aparecen en varios capítulos[2].
    ¿Por qué el islam no abolió la esclavitud? La respuesta es que el islam tiene un programa gradual de abolición de la esclavitud[2].
    Ni el cristianismo ni el islam sugirieron o impusieron la esclavitud; sino que estas religiones vinieron en una sociedad y en un tiempo en que la misma ya estaba institucionalizada en todo el mundo. Incluso esta situación continuó en todas las sociedades hasta el siglo XIX.
    Abolición
    La abolición comenzó en Europa donde los blancos empezaron a oponerse a esta práctica mientras iba ganado fuerza un nuevo orden filosófico basado en las ideas de la Ilustración y el Humanismo. A partir del siglo XVIII empiezan a ser importantes los movimientos abolicionistas. Esta concepción se extendió luego a los continentes americano, asiático y africano.
    En Inglaterra la abolición de la esclavitud fue declarada en 1840; en Francia en 1848; en Holanda en 1865 y en Estados Unidos en 1866. En 1890 durante el Congreso de Bruselas se abolió simbólicamente en todo el mundo.
    Ante este cambio de mentalidad, los poderes financieros mundiales buscaron rápidamente una solución para el reemplazo de la mano de obra esclava. Esto se logró con la institucionalización de un nuevo orden económico basado en el capitalismo. A partir de la Revolución industrial, que se iniciara en Inglaterra, el sistema esclavista llegaría a resultar menos conveniente que el sistema de trabajo remunerado. Es por ello que hoy día se acepta que existe una correlación directa entre industrialización y abolicionismo.
    En rigor la esclavitud fue nominalmente abolida. Pero hoy persiste su sustituto, es decir, una forma de esclavitud solapada. Porque con la explotación de los pueblos, se les esclaviza sin un yugo físico visible. Aunque cada día se hacen más evidentes los efectos de esta forma de esclavitud moderna.
    La esclavitud económica y cultural todavía persiste. Esto es patente en los países donde gobernó el comunismo, en los países del tercer mundo en la esfera capitalista o entre la mayoría de la población más pobre del denominado primer mundo.
    Situación actual en África
    La esclavitud está técnicamente abolida en todos los países del mundo, pero en África negra aún está extendida, a pesar de que los colonialistas europeos la ilegalizaron hace más de 100 años atrás, pero actualmente éstos no están más presentes en suficientes números para detener la esclavitud de decenas de miles de africanos. La esclavitud está presente en diferente grado en casi cada nación africana. Sudán, Ghana y Mauritania, en particular, son reconocidos como líderes mundiales en el tráfico de esclavos. En las montañas Nuba del Sudán solamente, 30.000 niños africanos fueron vendidos como esclavos a mediados de los 90 por el precio de dos pollos cada uno.

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