Breve Historia de Casamance

La región de Casamance, con una extensión de unos 28.350 km2, actualmente está habitada por más de una decena de pueblos o etnias entre los que destacan demográficamente los joola, los mandinga, los fula, así como grupos formados por unos pocos miles de habitantes como los manjack, mancaña, balanta, bainuk o criollos. Además, encontramos grupos del norte de Senegal, como los wólof, que llegaron en varias oleadas a partir del siglo XIX y, sobre todo, en el siglo XX: con los administradores coloniales primero y con los del estado senegalés después. A día de hoy, mientras los joola son mayoritarios en la fachada atlàntica (Baja Casamance) comprendida entre las cuencas del Gambia, en el norte, y del Sâo Domingos, en el sur, los mandinga lo son en el curso medio del Casamance (Media Casamance) y en buena parte del valle del Gambia, mientras que los fula son mayoritarios en tierras de la Alta Casamance, más hacia el este. Esta distribución, sin embargo, está llena de lagunas, islotes y minorías interrelacionadas por todo el territorio. Este dibujo resulta más complejo si atendemos a las adscripciones religiosas de cada etnia: los joola al norte de río Casamance son mayoritariamente musulmanes, de igual modo que mandinga y fula de la Media y Alta Casamance. Sin embargo, muchos joola al sur del río son cristianos. Por otra parte, ser musulmán o cristiano no impide seguir fiel a las religiones tradicionales de cada pueblo, de otra manera no se entendería que aún hoy se celebren las festividades tradicionales, llamadas “animistas”, y se lleven a cabo ritos y prácticas que poco tienen que ver con el cristianismo o el Islam.

 Senegal_Casamance

 Siglos XV-XVIII

Casamance nunca ha existido como unidad política independiente. Cuando los portugueses llegaron a la región entre los años 1444-1446, encontraron en la costa a un soberano llamado Kasa, de etnia bainuk aunque seguramente mandinguizado, cuyo reino se encontraba bajo la órbita del Imperio de Mali, del cual se deriva el apelativo “mansa”, que era la palabra utilizada en lengua mandinga para referirse al soberano legítimo y aceptado por el pueblo. De la conjunción de ambas palabras, “Kasa” y “mansa”, derivaría el nombre que los portugueses le dieron a la zona costera y que más tarde se acabaría extendiendo a toda la región: Casamança (Casamance en su adaptación al francés). Con el declive del imperio de Mali (siglos XV-XVI), muchos reinos o provincias alejadas de su centro de poder (en el sureste del actual Mali) fueron ganando autonomía al tiempo que establecían contactos con los portugueses. Éstos últimos fundaron en 1645 la factoría comercial de Ziguinchor, dedicada a actividades económicas y cuya influencia política fue poca o ninguna. La presencia portuguesa acabó creando una población de criollos lusófonos, aún hoy visibles en el barrio Tylène.

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A partir del siglo XVII, gran parte del territorio de la actual Casamance estuvo vertebrado por el reino de Kaabu, principal productor de esclavos de la zona, cuya élite la formaban mandingas ferozmente aferrados a su religión tradicional y claramente hostiles al Islam. En la costa, en la zona de la desembocadura del río Casamance, existían reinos y jefaturas que disfrutaban de cierta independencia respecto a Kaabu, entre los cuales se encontraban los joola, quienes llegaron a la zona de la Baja Casamance en el siglo XVIII a causa, precisamente, de la presión predadora de los mandingas de Kaabu. Estos joola provocaron, a su vez,  la desintegración del reino de Kasa, produciéndose desde entonces una absorción de los pueblos bainuk en el seno de las sociedades joola.

El siglo XIX, conflictos internos y penetración europea

Desde mitades del siglo XIX, el territorio de Casamance era un lugar repleto de violentos enfrentamientos entre africanos. Los choques entre musulmanes y animistas acabaron con la desaparición del centenario reino de Kaabu y la aparición de nuevos y carismáticos líderes musulmanes que se encargarían de vertebrar la resistencia a la conquista colonial. Esta situación coincidió con el momento en que los franceses empezaron a interesarse por el sur senegalés. Los comerciantes galos o mulatos, especialmente los de la isla de Gorée, frente a la actual capital senegalesa Dakar, querían abrir nuevos campos de negocio en la región debido a la abolición de la trata atlántica de esclavos. Después de realizarse varias visitas para evaluar las posibilidades del lugar a nivel comercial, en 1836 se creó la factoría en la isla de Karabane, en la desembocadura del río Casamance, y dos años después se creó la de Sédhiou, más hacia el interior.

Situación de las factorías de Carabane y Sédhiou

Situación de las factorías de Carabane y Sédhiou

Pese a algunos pactos a nivel local, la colonización “oficial” no llegó hasta después de 1885 (Conferencia de Berlín) y, sobre todo, hasta después del tratado con los portugueses por los que estos cedían la factoría de Ziguinchor a los franceses (1886). Hay que resaltar que no se cedió a Francia toda la Casamance, sino sólo la factoría portuguesa que comprendía unas decenas de kilómetros cuadrados. De este modo, las potencias europeas fueron delimitando el territorio y estableciendo fronteras: en el norte de Casamance se encontraban los ingleses y sus posesiones gambianas; al sur, los portugueses. Estas fronteras fueron las que permitieron la percepción de un espacio común.

La mayoría de pueblos, sin embargo, no aceptó la nueva autoridad europea, por lo que Francia optó por la penetración militar. En estas campañas bélicas, los africanos que acompañaban a los franceses eran en su mayoría wólof del norte que, desde la creación de Karabane, se habían ido instalando en la zona, incluso comandando algunas de las factorías. Este hecho pudo crear la sensación de que los que mandaban en el Senegal postcolonial eran aquellos “extranjeros” wólof que acompañaron al colono europeo que intentó someterlos.

La imagen de una Casamance verde, rica, de la que podían extraerse beneficios, pero también con poblaciones resistentes y combativas se consolidó a lo largo del siglo XIX con los textos franceses. Emmanuel Bertrand Bocandé, comandante de Karabane entre 1849-1857, escribió: «Para Casamance todo se resume en pocas palabras: beneficios considerables reservados a la transacción inteligente, civilización para los pueblos sumergidos en la barbarie»

La zona, sin embargo, pese al esfuerzo de algunos franceses como Bocandé, Simon o Brosselard-Faidherbe, en atraer la atención sobre Casamance y conseguir darle una nueva importancia en el seno del imperio francés, nunca no se convirtió en el pretendido “jardín de la Costa Atlántica”, cosa que provocó incluso las protestas de algunos administradores franceses al considerar que Francia estaba perdiendo una valiosa oportunidad de enriquecimiento. La situación continuó durante mucho tiempo. Prueba de ello es lo que el Gobernador General del África Occidental Francesa (AFO), Van Vollenhoven, escribía en 1917: «Casamance debe dejar de ser una especie de verruga de la colonia cuando debería ser la joya»

Mapa del río Casamance. 1870

Mapa del río Casamance. 1870

En época colonial, algunos administradores propusieron que la región fuera administrada de forma separada de Senegal. Incluso en algunos momentos, Casamance fue administrada directamente por el gobernador del África Occidental Francesa desde Saint-Louis, base de la administración francesa situada en el norte de Senegal, mientras que en otros momentos fue incorporada a Senegal como un distrito más (cercle, en francés). Esta especificidad colonial será reivindicada, como veremos más adelante, por los independentistas casamanceses.

A través de esta visión colonial se fue forjando la imagen de una Casamance que no correspondía a la de toda la región, sino sobre todo a la del campesino joola y la religión tradicional de la Baja-Casamance. Al hablar de la verde Casamance se olvidaban las regiones de Kolda y Velingara, en la Alta Casamance, más áridas. Hablando de los joola se invisibilizaba a mandinga y fula. Hablando de la religión tradicional, y del catolicismo, se ignoraba la presencia del islam desde el siglo XIX.  Esta visión fue la que adoptó el futuro Mouvement des Forces Démocratiques de Casamance (MFDC) independentista ya que le ofrecía marcadores identitarios diferencialistas respecto al norte.

Desde 1836 hasta la Segunda Guerra Mundial, los pueblos de la zona, especialmente los de la fachada atlántica, no dejaron de presentar resistencia al poder extranjero. La difícil implantación de la administración colonial puede ser explicada por diversos factores. Jordi Tomàs dio una de las claves que deben considerarse. Mientras en el norte los franceses pactaron con líderes autóctonos que podían tener autoridad sobre varias decenas de miles de personas, en el sur la cosa no fue tan sencilla. La Baja-Casamance estaba, y está hoy en día, habitada por entidades político-religiosas formadas por pocos pueblos, es decir, pocos habitantes, y en las que el poder no estaba centralizado. No existía un reino o Estado que aglutinara a tanta población como en el norte. De esta manera, los pactos, si los había, implicaban a poca población y era difícil que el pacto fuera suscrito durante largo tiempo por un gran número de personas. Este carácter fragmentado, no sólo impidió una colonización rápida, homogénea y eficaz, sino que determinó también la difícil implementación del estado postcolonial.

La resistencia fue especialmente marcada entre los joola de la Baja Casamance, de los que los administradores coloniales destacaban su «primitiva tozudez» y su «repulsión a cualquier tipo de autoridad». Sin embargo, la resistencia no fue sólo presentada por los joola. Otros grupos étnicos también lucharon contra el colonizador francés. Así, mientras en la Baja-Casamance los joola presentaban una resistencia más dispersa, en la Media y Alta Casamance líderes musulmanes como Moussa Molo, de etnia fula, o Fodé Silla, mandinga, aglutinaron a más población y lucharon, aunque también pactaron, contra las potencias coloniales, tanto francesas como inglesas.

Período colonial

El ejemplo más claro de resistencia en período colonial lo protagonizó una profetisa joola llamada Aliin Situé Diatta, quien tras una estancia en Dakar, impulsó a su vuelta el culto al altar tradicional kassila, transmitiendo además una serie de ideas anti-coloniales que se expandieron rápidamente por la Baja Casamance. Entre sus medidas destacaron la voluntad de cultivar sólo el arroz tradicional en lugar del importado de Indochina, evitar que los jóvenes fueran obligados a luchar en la Segunda Guerra Mundial o no pagar impuestos a los franceses. En 1943 fue detenida, juzgada, condenada y enviada a Tombuctú, donde murió poco después.

El barco que une hoy en día Dakar y Ziguinchor lleva el nombre de la profetisa.

Estas resistencias han sido vistas y utilizadas tanto por los independentistas de Casamance (como un signo de resistencia unitaria ante la dominación extranjera, francesa y senegalesa) como por los políticos senegaleses (como una oposición a los franceses para acabar formando un Estado senegalés fuerte y unido). Pero en realidad, ni los unos ni los otros llevaban razón, puesto que se luchaba por su pueblo o, a lo sumo, por el grupo étnico. Por último, el carácter resistente se hace patente cuando observamos que hasta el final de la Primera Guerra Mundial, la administración francesa en la región era dirigida por militares.

En definitiva, la colonización francesa de Casamance nunca fue total. Su presencia en algunas zonas del interior duró poco más de medio siglo. Por lo tanto, la influencia francesa fue mucho menos importante que en el norte donde los habitantes de las Quatre Communes (Gorée, Rufisque, Saint-Louis y Dakar) estaban ligados a las instituciones y a la vida política francesa desde mediados del siglo XIX. De hecho, a partir de 1848 fueron considerados como ciudadanos y desde 1914 tuvieron representación parlamentaria en la Asamblea.Progresivamente, una determinada «senegalidad», nacida en los municipios del norte e inspiradas en las ideas francesas de «nación» única e indivisible, se fue extendiendo por el llamado bassin arachidière, apoyándose además en las redes de los muridas, una de las mayores cofradías musulmanas de Senegal a la que pertenecen la mayor parte de los wólof. En contraste, los habitantes del resto del territorio eran tratados como sujets: podían ser sometidos a trabajos forzados, debían pagar impuestos o incluso podía ser obligados a engrosar las filas de los tirailleurs en el ejército francés. En palabras de Tomàs, «mientras los “ciudadanos” hacían -o podían hacer- una larga carrera en las escuelas coloniales, trabajaban en la administración colonial e incluso, a partir de los años 1930 […], podrían acabar viviendo en París ejerciendo de profesores de francés, de abogados o políticos, los “sujetos” construían el ferrocarril, plantaban cacahuete y se veían obligados a entregar buena parte del arroz de sus graneros»

En 1949, funcionarios casamanceses venidos del norte crearon la primera formación política casamancesa, el Mouvement des Forces Démocratiques de Casamance (MFDC), nombre que en los años 80 del siglo XX será apropiado por los independentistas. Entre sus líderes destacaban Ibou Diallo (fula), Emile Badiane (joola) o Yero Kande (mandinga). El partido abarcaba a todas las subregiones de Casamance y tenía representantes de todas las poblaciones principales. Reunía tendencias políticas diversas, así como miembros de varios grupos étnicos y de varias religiones. Por lo tanto, se trataba de «un grupo político regional pluriétnico, pluriconfesional y pluriideológico». Su principal objetivo era el de aunar esfuerzos para conseguir una mayor autonomía de Casamance y un mayor peso político y económico de la zona en el contexto del AOF. Tomàs ofrece dos testimonios sobre el primer MFDC que merecen ser valorados. Mientras el político Assane Seck defiende que este primer partido nunca quiso la independencia sino que defendió su «senegalidad», un exindependentista casamancés, J.F Biagui, dijo que puesto que Senegal no existía como entidad independiente es evidente que ese MFDC tenía como objetivo más autonomía de Casamance respecto a Francia, y con vistas a un futuro independiente. Lo cierto es que en la misma época surgieron otros partidos de características similares: la Union Génerale des Originaires de la Vallée du Fleuve (OGUVAF), en el valle del río Senegal; la Féderation des Originaries et Natifs du Oualo; el Parti Travailliste du Sine-Saloum; o la Union Démocratique des Ressortissants du Sénégal Oriental (UDRSO), en el sureste del territorio. Este primer MFDC, no obstante, se diluyó en el BDS (Bloque Démocratique Sénégalais) de Leopold S. Senghor. Un grupo de miembros descontentos por esta disolución formaron el MAC (Mouvement Autonome de la Casamance) en 1954. Al parecer, ni siquiera este grupo defendía la independencia de la región. El primer MFDC, por otra parte, rompe con algunos estereotipos sobre la región: acaba con la idea de una Casamance aislada cuyos políticos no participaron en la creación del Senegal independiente.

Por último, la presencia de misioneros católicos, sobre todo en la Baja Casamance, favoreció la proliferación de escuelas por la región. Esto no es una cuestión baladí, pues desde hace décadas las zonas con una mayor escolarización en Senegal son tres ciudades casamancesas: Oussouye, Bignona y Ziguinchor. Con la llegada de la independencia, la experiencia escolar permitió a muchos estudiantes familiarizarse con la manera de funcionar del Estado e ir adquiriendo una conciencia de los derechos del ciudadano frente a un gobierno central que, como vamos a ver, descuidó a las áreas periféricas.

Senegal independiente: las causas del conflicto

Tras un breve y fallido intento de federación con Mali, Senegal inició su camino independiente en 1960. La creación de un Estado-nación fuerte, unitario, era uno de los objetivos de los políticos senegaleses, formados en su mayoría en las escuelas occidentales. Así, los historiadores del norte iniciaron un proceso de construcción nacional que se centró únicamente en los reinos wólof de la sabana norteña. Los personajes históricos más relevantes para la historia del nuevo país eran aquellos que procedían del norte. Esto mostró la distancia que se creaba entre un centro moderno y una periferia atrasada, entre unas ciudades con derechos franceses des del último siglo y unas regiones boscosas habitadas por pueblos inmersos en la ruralidad. Dakar, la nueva capital, se erigió como el símbolo del nuevo poder y de la nueva nación.

Pese a la idea de unos primeros años pacíficos, en los años 1960 el gobierno de Senghor se enfrentó a tensiones internas. El Primer Ministro, Mamadou Dia, fue juzgado en 1962 por tentativa de golpe de Estado y encarcelado durante 14 años. Merece la pena reproducir un texto escrito por Dia en 1981, condenando la actitud del gobierno senegalés respecto a Casamance: «La región se ha convertido, por culpa de una política aberrante, en un polvorín como lo prueban las explosiones recientes con el asunto de la final nacional de la copa de fútbol, la del Instituto Jignabo, sin olvidar la revuelta de los pescadores de gambas y los campesinos». No obstante, en esta época algunos cuadros casamanceses, como Emile Badiane, formaron parte del gobierno.

Mamadou Dia

Fue a lo largo de la década de 1970 y principios de la de 1980 cuando encontramos los hechos que preludian el nacimiento del nuevo MFDC y del conflicto. En estos años, tras la muerte de Badiane, no había ni un solo ministro originario del sur en el gobierno. A nivel de política local (regional y municipal), los puestos más importantes de la administración eran dominados por personas procedentes del norte. Por ejemplo, el gobernador de Casamance y el alcalde de su capital, Ziguinchor, no eran originarios de la zona, sino que eran lo que muchos autóctonos llaman “nordistas” o “extranjeros”.  Por lo tanto, desde el punto de vista casamancés la administración estaba en manos de “extranjeros” que, en muchas ocasiones, no respetaban y no entendían las especificidades de los pueblos del sur. De este modo, la marginación político-económica que percibían los casamanceses, lamentando la falta de construcción de infraestructuras y el poco interés de la administración en defender la economía local, fue generando movimientos de protesta, agravados por la percepción de que los “nordistas” miraban siempre a la gente de Casamance por encima del hombro.

En un momento de crisis, los habitantes del sur fueron privados de recursos, tanto en Casamance como en Dakar, destino de la mayor parte de la inmigración joola. Durante décadas, la mayoría de chicas joola que estaban en Dakar se dedicaban al pequeño comercio y, sobre todo, a trabajar en las casas de las poblaciones adineradas (franceses, wólof, tukoror…). Como apunta Tomàs, es posible que el sentimiento identitario saliera reforzado de este difícil contexto socioeconómico urbano.Paralelamente, se dio la llegada de extranjeros a la región atraídos por su reputación de riqueza: pesca, comercio, turismo…Se crearon nuevas actividades a las que los autóctonos tenía un acceso limitado ya que éstas estaban en manos de extranjeros que contaban con el beneplácito de la administración senegalesa.

Por último, uno de los elementos más relevantes en la víspera del estallido independentista fue la expropiación de tierras derivadas de una ley promulgada desde Dakar en 1964 y que en Casamance se aplicó tardíamente a finales de los años 1970. Gente del norte se quedó con tierras que históricamente, por tradición, pertenecían a gente del sur.

El gobierno senegalés actuaba y entendía la realidad de su país desde el modelo islamo-wólof, teniendo poca consideración con amplios segmentos de la población. Este modelo implicaba que las mayores dinámicas políticas y económicas respaldadas por el gobierno senegalés se relacionaran estrechamente con las redes de influencia de la cofradía, sobre todo murida, de religión islámica, y étnicamente wólof o tukoror, ignorando otras formas de organización y de poder que convivían en territorio administrativo senegalés. El modelo pudo favorecer la integración nacional tras la independencia, pero llevado al límite acabó excluyendo a los casamanceses y a otras minorías. No sólo a aquellos que eran de confesión católica o de religión tradicional, sino también a los musulmanes mandinga y fula de la Mediana y Alta Casamance, cuya relación con las cofradías es mucho menor que en el norte. Por todo esto, a principios de la década de 1980, muchos habitantes de Casamance consideraban que estaban siendo sujetos de una nueva colonización: la senegalesa.

Antes del movimiento independista, fueron muchas las protestas pacíficas que no llegaron a buen puerto. Algunos políticos locales informaron al gobierno central de la marginalización político-económica; otras personas, como el abbé Augustin Diamacounde Senghor, que sería después el principal líder independentista, protestaban a través de la radio, enviando cartas al presidente, o impartiendo conferencias en Dakar explicando la especificidad de Casamance; otros lo hacían a través de los enfrentamientos deportivos; otros a través de manifestaciones, como las estudiantiles de Ziguinchor (1980) por la falta de profesores, que acabó con un muerto y decenas de heridos. Estas movilizaciones fueron el terreno sobre el que germinó la semilla independentista, que daba una respuesta política a la crisis.

El conflicto de Casamance

En 1982 se creó el segundo MFDC. Sus primeros líderes habían tenido una buena educación o habían formado parte del ejército senegalés. Además, varios habían participado en política. Este nuevo movimiento era étnica y confesionalmente plural, además de abiertamente independentista. La mayoría de los líderes eran joola, sin embargo, también los había de otros grupos como mandinga, mancaña o manjack. El líder principal, el abbé Diamacounde, era un joola católico, pero otras de las cabezas visibles del movimiento eran musulmanes, como Mamadou Sané, llamado N’Krumah, o de religión tradicional. Esta composición cuestiona lo que se afirmaba en la prensa senegalesa y en ámbitos políticos de Dakar, desde los que se acusaba al MFDC de joolaizante y anti-musulmán. A finales del mismo año y en los posteriores, el movimiento fue expandiendo sus ideas, pueblo por pueblo, para captar afiliados y buscar financiación.

Mamadou "Nkrumah" Sané, 1996

Mamadou “Nkrumah” Sané, 1996

Abbé Diamacounde, 1992

Abbé Diamacounde, 1992

Además de las quejas por los agravios económicos, políticos y administrativos, el movimiento se dotó de un discurso culturalista diferenciador respecto al norte del Estado. No obstante, las particularidades histórico-culturales que se esgrimían se referían sobre todo a los pueblos joola y afines, y no tanto a mandinga o fula. Es por ello que la cúpula del movimiento optó por escribir Casamance Kunda (Pueblo de Casamance, en lengua mandinga) para integrar a los mandingas en su discurso. Se interpretaba así la historia del sur senegalés en función de unos objetivos específicos. Como apuntó Iniesta, los rebeldes pasaron de etnografiados a historiadores.

Se ha considerado como el hecho fundacional del movimiento la manifestación del 26 de diciembre de 1982. Tres días antes la policía senegalesa había detenido y encarcelado con penas de hasta cinco años a los principales líderes del MFDC. A la marcha acudieron más de mil personas y acabó con varios muertos, una gran cantidad de heridos y otros tantos detenidos.

La represión aumentó el descontento y multiplicó las adhesiones al MDFC, al tiempo que mostraba la incapacidad del gobierno de Diouf para resolver una crisis anunciada. Fue precisamente este gobierno el que impulsó una nueva división administrativa de Senegal en 1984, eliminando el topónimo Casamance y fracturando el territorio en dos nuevas circunscripciones: Kolda, en el interior, y Ziguinchor, en la costa. Este acto político-simbólico, nos habla de la importancia que el topónimo había adquirido ya a principios de la década de 1980. La represión inicial, por otra parte, puede sorprender si observamos que las primeras reivindicaciones independentistas eran generalmente pacíficas. Esto lo vemos de manera diáfana en el fragmento de uno de los primeros documentos oficiales emitidos por el MFDC que reproduce Tomàs: «Tal y como están las cosas, Pueblo de Casamance, toma tus responsabilidades. […] Pero hazlo muy democráticamente, puesto que tienes tu derecho. Hazlo sin violencia pero con determinación».

Tras una década jalonada de encarcelamientos y de más de 800 detenciones (muchas de las cuales fueron arbitrarias), se fundó en 1990 el ala armada del MDFC, Atika («combatiente» en lengua joola).El primer atentado se produjo en abril en la frontera con Gambia. A partir de entonces, el conflicto se recrudeció. En la década de 1990, además de los múltiples enfrentamientos breves entre rebeldes y ejército senegalés, destacan las siguientes batallas: Sélety (1990), Kaguitt (1992), Babonda (1995) y Mandina-Mancagne (1997).

El 31 de mayo de 1991 se firmó el primer alto el fuego. Sin embargo, poco después se produjo la escisión más relevante del movimiento: el Frente Norte, dirigido por Sidi Badji, y establecidos en la zona de Bignona; y el Frente Sur, dirigido por Diamacounde e implantados al sur del río Casamance. Fue en esta región donde se rompió el alto el fuego y se intensificaron los combates, que se prolongaron hasta el 8 de julio de 1993, cuando se firmó el segundo alto el fuego. El MFDC pidió el arbitraje internacional de Francia, que se plasmó en el informe Charpy, que no hizo más que empeorar la situación. En una muestra de ingenuidad política espectacular, Diamacounde pidió este arbitraje. Quería obtener documentos que demostraran una identidad casamancesa reconocida por la administración colonial. Francia encargó la tarea a Jacques Charpy, conservador de los archivos, que presentó su informe a finales de 1993. En el texto se dejaba constancia de evidencias de momentos administrativos separados pero su conclusión fue que, pese a todo, Casamance era parte de Senegal. En definitiva, como dice Iniesta, Diamacounde pidió el arbitraje del Estado francés, el más jacobino y el menos indicado para resolver una cuestión separatista.

Tras este fracaso, en 1995 los combates reaparecieron y la tensión fue en aumento con el uso por parte del MFDC de minas anti-personas en varias zonas fronterizas y de armamento pesado. El gobierno de Diouf decidió militarizar la región, tomó la represión como remedio. Esto causó centenares de víctimas, miles de refugiados y un número indeterminado de desaparecidos. Las acciones criminales del MFDC, divido en varias facciones y sin un líder que pudiera imponerse sobre todo el territorio, también provocó víctimas civiles y protagonizó pillajes en pueblos y carreteras, repercutiendo esto en su reputación y provocando un progresivo distanciamiento de la población respecto a la lucha independentista.

En el año 2000, con la llegada a la presidencia de Abdoulaye Wade se entró en una nueva etapa. En 2004, Diamacounde y el gobierno firmaron un nuevo acuerdo de paz que, sin embargo, no fue aceptado por tres facciones operativas con capacidad militar del MFDC. En 2006, el ejército de Guinea-Bissau entró en Senegal para matar a Salif Sadio, principal líder militar del MFDC. Este hecho fue percibido como una muestra del desprecio del gobierno senegalés hacia Casamance, al dejar penetrar a un ejército extranjero en su territorio. En 2007, con la muerte de Diamacounde, la situación se complicó de nuevo. En 2009, la tensión seguía palpable e incluso en aumento.

Tras el acuerdo de paz: el ministro del interior, Ousmane Ngom, y el Abbé Diamacounde, 20 de diciembre de 2004

Tras el acuerdo de paz: el ministro del interior, Ousmane Ngom, y el Abbé Diamacounde, 20 de diciembre de 2004

Con la llegada en 2012 de Macky Sall a la presidencia senegalesa el conflicto parece haber tomado un nuevo camino. En Casamance se vive una calma tensa. Algunos líderes de facciones antes intransigentes, como Salif Sadio, se han mostrado dispuestos a negociar. Sin embargo, la multitud de facciones y de opiniones divergentes en el seno del MFDC hace difícil pronosticar el camino que tomarán los acontecimientos.

 

 

Bibliografía

BARRY, Boubacar, La Sénégambie du XVe au XIXe siècle: traite négrière, Islam et conquête coloniale, Paris: L’Harmattan, 1988

INIESTA, Ferran, “Jacobins contra Casamance: a propòsit de la teoría política deixada per França a Senegal” en: BOSCH, Alfred (et al.), Ètnia i Nació als mons africans, Barcelona: L’Avenç, 1995.

MARUT, Jean-Claude, Le conflit de Casamance: ce que disent les armes, París: Karthala, 2010.

NIANE, D.T, Histoire des Mandingues de l’Ouest: le royaume du Gabou, Paris: Karthala, 1989

ROCHE, Christian, Histoire de la Casamance: conquête et resistance: 1850-1920, Paris: Karthala, 1985.

TOMÀS, Jordi, “Casamance: el particularismo inquietante” en: TOMÀS, Jordi (ed.), Secesionismo en África, Barcelona: Bellaterra, 2010.

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